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Monitorización de la profundidad anestésica: una deuda pendiente en Argentina


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Introducción

La seguridad del paciente es hoy un principio irrenunciable en cualquier estrategia de atención

quirúrgica moderna. En anestesia, ese compromiso se traduce en herramientas que permitan no

solo inducir y mantener el estado anestésico, sino también monitorearlo en tiempo real. La

monitorización de la profundidad anestésica (MPA) responde a esa necesidad.

Más que un indicador numérico, representa una filosofía de anestesia adaptada: personalizada, eficiente y ética.

En este artículo exploramos los fundamentos científicos, la evidencia clínica, y los resultados de

una encuesta nacional realizada a 235 anestesiólogos en Argentina, que reflejan el estado actual y

los desafíos de implementación de esta herramienta clave.


¿Qué es la MPA y por qué importa?

La MPA consiste en el uso de tecnología basada en electroencefalografía procesada para estimar

el grado de hipnosis del paciente bajo anestesia general. Herramientas como el índice bi-espectral

(BIS), la entropía o la espectrografía permiten traducir la actividad eléctrica cerebral en valores

objetivos que guían la titulación de anestésicos. Esta información es crítica para evitar los extremos

peligrosos de sobredosificación o infra dosificación. La primera puede conducir a inestabilidad

hemodinámica, depresión neurológica prolongada y mayores costos. La segunda, al despertar

intraoperatorio, con consecuencias psicológicas graves como el síndrome de estrés postraumático.


Evidencia científica de impacto

Diversos estudios multicéntricos han demostrado beneficios concretos del uso del BIS y otras

tecnologías de MPA. Entre los principales hallazgos se incluyen: reducción del riesgo de

consciencia intraoperatoria en hasta un 82%, menor consumo de anestésicos, mejor recuperación

postoperatoria, y menor incidencia de delirium en adultos mayores. Chan et al. (2013) demostraron

que el BIS reduce el deterioro cognitivo posquirúrgico en pacientes geriátricos. Myles et al. (2004)

lideraron el ensayo B-Aware, que marcó un hito en la valoración de esta tecnología como estándar

de calidad en pacientes de alto riesgo.


Encuesta Nacional: una mirada local En 2024, realizamos una encuesta anónima a 235 anestesiólogos argentinos, de instituciones públicas y privadas.

Los resultados fueron reveladores: aunque el 94% considera que la MPA

debería ser un estándar en anestesia general, el 43% afirma no utilizarla nunca. Entre quienes sí

cuentan con equipos, el 85% usa tecnología BIS. Las principales barreras detectadas fueron: costo

elevado de los sensores (un tema recurrente en entornos públicos), falta de capacitación específica

y escaso apoyo institucional. Este último dato refleja un problema cultural: la seguridad sigue

dependiendo más del criterio individual que de políticas institucionales estandarizadas.


Anestesia adaptada y el enfoque multimodal

La literatura científica moderna insiste en la necesidad de abandonar el enfoque único de

monitorización clínica. Jacquens et al. (2023) señalan que la MPA debe entenderse dentro de un

abordaje multimodal que incluye parámetros clínicos, farmacológicos, electroencefalográficos y

fisiológicos. Herramientas como la entropía o el índice de analgesia nociceptiva (ANI) permiten

evaluar no solo el componente hipnótico, sino también el nociceptivo de la anestesia. De este

modo, se avanza hacia una anestesia balanceada, personalizada y ajustada a cada paciente,

procedimiento y contexto clínico.


Reflexiones finales y desafíos pendientes

El camino hacia una anestesia segura incluye, sin lugar a duda, la incorporación sistemática de la

MPA como estándar. No se trata solo de adquirir tecnología, sino de transformar la cultura

anestésica con más formación, actualización y compromiso institucional. Como lo plantea la APSF

(2019), anestesiar sin monitorear el cerebro equivale a conducir a ciegas. La información obtenida

en nuestra encuesta confirma que hay voluntad profesional para avanzar en este sentido. El

desafío ahora es lograr que esa voluntad se convierta en políticas concretas. La implementación

efectiva de la MPA no es un gasto, es una inversión en seguridad, calidad, eficiencia... y respeto

por el paciente.


Referencias

Bruhn, J., Myles, P. S., Sneyd, R., & Struys, M. M. R. F. (2006). Depth of anaesthesia monitoring: what's

available, what's validated and what's next? British Journal of Anaesthesia, 97(1), 85-94.

Myles, P. S., Leslie, K., McNeil, J., Forbes, A., & Chan, M. T. (2004). Bispectral index monitoring to prevent

awareness during anaesthesia: the B-Aware randomised controlled trial. The Lancet, 363(9423),

1757-1763.

Gan, T. J., Glass, P. S., Windsor, A., Payne, F., Rosow, C., Sebel, P., & Manberg, P. (1997). Bispectral indexmonitoring allows faster emergence and improved recovery from propofol, alfentanil, and nitrous oxide

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Chan, M. T., Cheng, B. C., Lee, T. M., & Gin, T. (2013). BIS-guided anesthesia decreases postoperative

delirium and cognitive decline. Journal of Neurosurgical Anesthesiology, 25(1), 33-42.

Cortés, B. M. F., Athié, G. J. M., Morales, G. J. L., Alva, A. N. V., & Saucedo, M. E. M. (2021). Uso de la

monitorización de profundidad anestésica. Acta Médica Grupo Ángeles, 19(2), 190-194.

Anesthesia Patient Safety Foundation (APSF). (2019). Control de la profundidad de la anestesia: ¿por qué

no es un estándar de atención? Boletín APSF, 34, 44-46. https://www.apsf.org

Agasso Nadal, S. (2024). Encuesta Nacional sobre el Uso de la Monitorización de la Profundidad Anestésica

en Argentina [Estudio no publicado].

World Federation of Societies of Anaesthesiologists (WFSA). (2018). *International Standards for a Safe

Practice of Anesthesia*. https://www.wfsahq.org

Jacquens, A., Simony, M., Besnard, A., Dupont, J., & Degos, V. (2023). Vigilancia de la profundidad de la

anestesia general. EMC Anestesia-Reanimación, 49(1). https://doi.org/10.1016/S1280-4703(22)47393-2

Sice, P. J. A. (2003). Depth of Anaesthesia. Update in Anaesthesia, 20, 1-9.

 
 
 

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